Mi madre, Flor María Chaves
esa señora, de ojos claros, mirada serena y pelo blanquecido,
quizás por sus años como maestra de religión, dejando una huella hermosa en tantas personas
que aun hoy, tan cambiada de su juventud, la recuerdan y la saludan con cariño.
De tí aprendí la entrega, aprendí lo que vale un abrazo, una caricia,
aprendí que aun que muchas de nuestras metas no las podamos alcanzar,
la vida vale la pena vivirla apuntando a las estrellas, caminando siempre hacia adelante,
con la mirada en lo alto.
Aprendí que no puedo darlo todo, por que tengo que darme todo.
Aprendí que Dios no desampara, sino que edifica.
De tí mamá, aprendí lo que sueño ser, y sé que nunca podré alcanzar, pero asi he de caminar, como mi madre, siguiendo las estrellas detrás del mar.
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