Como quisiera que no me importara,
que todo fuera como un simple evento que ocurre,
como el trabajo de esa hormiga que atraviesa mi escritorio
y que puedo aplastar y olvidar en el minuto siguiente.
Quisiera pensar que los que vienen son los que necesitaba
y que su alegría me basta;
pensar que los que están ausentes es por que no hacen falta;
que no importa en realidad, que no importa! que no importa!
Mas... por más que lo intento, esta herida me acompaña donde voy,
silente como una hormiga que me atraviesa la médula,
no se de donde salió, en realidad que no lo se;
supongo que los otros llevan una también, pero que yo no la puedo ver.
Creo estar ya libre de toda esta conmiseración;
y de pronto me doy cuenta de que ni hablar quiero, ni puedo;
me doy cuenta de que siempre estará conmigo, que no desaparecerá en esta vida al menos;
y si esto es ahora, que tengo la oportunidad de gritar, de odiar y de reclamar;
¿Cómo será después, en aquellos días que vendrán inexorables? Tan llenos de ausencia y de silencio,
¿Cómo será después, en aquellos días que vendrán inexorables? Tan llenos de ausencia y de silencio,
y de todo este barullo que me impide despertar.
Lo se... es de esta misma herida de la que se ha servido tantas veces mi Dios
para lavarme, para sanarme y levantarme y para ponerme en camino;
supongo que lo hará nuevamente, de manera gloriosa... de esas formas grandiosas que yo no imaginaba...
siempre lo hace...
siempre lo hace...
... pero su nombre sigue siendo el mismo, no la puedo llamar de otra forma;
por que arde, sangra, desaparece un día, y al otro vuelve, un dia finge no estar,se hace la vencida, pero si la toco.. allí está; allí está.